jueves, 3 de mayo de 2007

" En todos hay algo que los demás necesitan,algo que puede salvarte y salvar a otros.Por eso mi corazón está abierto, sin llave.Para que tomes de él lo que te sirva,para que él pueda recibir lo que le hace falta.Si no fuera por vos ...¡ Qué poca cosa, qué poquitita cosa sería mi corazón ".


" CORAZÓN SIN LLAVE "

DE POLDY BIRD.

miércoles, 2 de mayo de 2007

Epoca de Cambios

Hay veces que nos suceden cosas que nos dejan tambaleantes, como si la tierra estuviera sacudiéndose bajo nuestros pies. Nuestro sentido de seguridad está siendo retado, y la tendencia natural es tratar de aferrarnos a lo que tenemos. Pero éste terremoto interior es tanto necesario como tremendamente importante. Si lo permitimos, uno emerge de los escombros más fuertes y más disponible para nuevas experiencias. Hay que tratar de observar éstas crisis con desapego, casi como si estuviera sucediéndole a otra persona. Decir si al proceso, y encontrarnos con él a medio trayecto. Después del fuego, la tierra se reabastece. Después de la tormenta, el aire es claro. Después de la fría noche, el sol siempre sale, ilumina y calienta.
La Rosa de Rilke El poeta alemán Rilke vivió un tiempo en Paría. En su trayecto a la universidad, todos los días, pasaba junto a una amiga francesa, por una calle muy frecuentada. En una esquina de esta calle, estaba siempre una mujer que pedía limosna a los transeúntes. La mujer se sentaba siempre en el mismo lugar, inmóvil como una estatua, con la mano extendida y los ojos fijos en el piso.
Rilke nunca le daba nada... mientras que su compañera solía darle alguna moneda. Un día, la joven francesa, asombrada, le preguntó al poeta: ¿por qué nunca le das nada a esta pobrecilla? Le tendríamos que regalar algo a su corazón, no solo a sus manos, respondió el poeta. Al día siguiente, Rilke llegó con una espléndida rosa, la puso en la mano de la mujer y se disponía a continuar el camino.
Entonces sucedió algo inesperado... la mujer alzó su vista, miró al poeta, se levantó como pudo del piso, tomo su mano y la besó... luego se fue, estrechando la rosa contra su cuerpo.
Durante una semana nadie la volvió a ver. Pero ocho días después, la mendigo apareció de nuevo sentada en la misma esquina, silenciosa e inmóvil como siempre. -"¿De qué habrá vivido todos estos días que no recibió nada?"-preguntó la joven francesa. -"De la rosa"- respondió el poeta